jueves, 5 de junio de 2008

Primero dejé de ver. Pasados unos minutos o quizás años (cómo saberlo), un silencio de caracola desenterrada inundó mis oídos. Un hueco irreconocible habitaba ahora donde antes sonaba la vida.
Quise gritar, llamar la atención de los otros. Puse una de mis manos sobre los labios y comprobé, también, la ausencia de aliento.
No podía verles, oírles, hablarles, pero dónde estaban, por qué ni siquiera me tocaban. ¿O es que acaso tampoco podía sentir el roce de sus cuerpos? ¿O más aún, seguía yo teniendo un cuerpo?
¿Quién soy, quién estoy siendo en este momento mientras el lenguaje de la noche cae sobre el último de mis recuerdos y borra minuciosamente el débil rastro de las palabras?
…………
Cuando en 1263, horas antes de su muerte en su casa de Granada, preguntaron al astrónomo Ibn al Zajmahari (“El Viejo”) qué era aquello en lo que había estado ocupado en sus últimos años, contestó: “un instrumento para medir la distancia entre los días y las sombras”
En la infancia del tiempo,
antes del diluvio y sus estrategias,
cuando la alegría se unía a la navidad como una piel inseparable y eterna,
vino a visitarnos mi abuela.

Nos traía siempre, a mi hermano y a mí, dos bambas de nata.
¡Qué ricas estaban!
Seguramente, mi afición por encontrar nuevos dulces y pastelerías me viene del imposible deseo por recuperar aquellas tardes de azúcar y besos.

Esa vez, además de las bambas de nata y algún aguinaldo,
me regaló (por ser el mayor, supongo) una pequeña cajita de madera.

La abrí.
Estaba vacía.
Antes de que dijera nada, me miró y me dijo:

“guarda aquí todo aquello que quieras recordar,
siempre encontrarás un hueco,
nunca se llenará”

Aún la conservo,
y aunque en apariencia no tiene nada dentro,
un ligero aroma a lavanda y café sigue hablándome de mi abuela (sentada en una banqueta de la cocina, desayunando)


Al final, o más bien,
en el mientras tanto,
la vida es un recuento de las pérdidas.
en este mismo instante
mientras escribo este poema que ayer te prometí
pienso en agujas traspasando venas inflamadas en descampados de hielo
en los asépticos vómitos de las pantallas de televisión
en la radiografía del dolor desbordándose por el cauce urgente de los hospitales
en el hambre de los desposeídos de los marginados de los inocentes

en tu boca muda llena de miles de besos

en las miserables vidas de este miserable mundo y su miserable dios con su miserable bondad infinita

en el cobre dulce de tu sexo
en su rumor de caracola antigua que me emborracha los sentidos

en la sangre abonando la tierra para que crezcan radiantes otras nuevas guerras
en los cuerpos mutilados
en las heridas resecas

en tu vientre de luz y esperanza

en los discursos de los imbéciles y su aprovechada media idea
en la oscuridad en las sombras
en el abandono en la soledad en el miedo
en un andén vacío en una tarde de invierno
en la mirada triste de los ancianos
en la derrota
en los escaparates del deseo y su ineludible venganza
en los cementerios que no visito en los cementerios que me esperan
en lo difícil que me resulta hablar del amor y olvidar todo lo que le rodea
en que estarás pensando que así no….. que este no es el poema….
y quizás tengas razón
este no es el poema que ayer te prometí.
de los abismos profundos de la tierra
una voz de siglos enterrados
se abre paso entre el compacto silencio de los cadáveres

de nuevo un nuevo día
desaparecerá ante vuestros ojos ciegos de esperanza
y se tornará en sombra o cifra u olvido
en el registro empedrado de los cementerios

de nuevo un nuevo día
morirá con vosotros como el sueño de un ángel
y se borrará el recuerdo
como si fuera la manzana podrida de aquel paraíso jamás encontrado

de nuevo un nuevo día

poned vuestras cabezas sobre el suelo
y oiréis como brota a cada instante
la palabra incendiada y la noche

martes, 9 de octubre de 2007

INQUIETANTE

Se preguntaba Rosa Montero en su columna de ayer, porqué ahora sí que nos escandaliza Birmania y antes no, y porqué ahora no nos escandaliza que Karzai (el presidente de Afganistán) ofrezca a los talibanes entrar en el Gobierno. Y termina su artículo con la frase: "qué inquietante".
A mí lo que me resulta inquietante es que alguien lance esas preguntas como si no estuviera clara su respuesta, como si no se quisiera creer en la respuesta que nos imaginamos, como si nos asustase nombrar la respuesta, como si tuviéramos miedo a conocer la verdad.
Bien, probemos. Lo haré también en forma de pregunta para no perturbar nuestra "paz intelectual" (oxímoron, contradicción entre las partes, donde hay un intelectual no hay ni puede haber paz): ¿será porque los intereses económico-políticos necesitan ahora que no se visualice el fracaso de la guerra "contra el mal" y para eso viene bien un nuevo escenario de terror en forma de dictadura militar?

jueves, 13 de septiembre de 2007

BIOCOMBUSTIBLES

Una vez que ya hemos demostrado que la desesperación arde (en forma de inmigrante rumano), ¿habría algún voluntario para comprobar si la mentira, la deslealtad, la traición, el robo, la injusticia, la desigualdad, la indolencia y la explotación son también buenos "biocombustibles"?